Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. Ví depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de mis ojos. Ojitos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato. Tenía la carne floja, parecía como si le disgustara ser parte de mí.
Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. Ví depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de mis ojos. Ojitos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato. Tenía la carne floja, parecía como si le disgustara ser parte de mí.
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posted : jueves, 24 de abril de 2014
title : raros
Siempre he declarado ser rara. Siempre he sido rara, siempre. Desde que tengo memoria siempre estuve más adelantada a mi edad, siempre supe más que la media y siempre, siempre tenía mejor memoria. Siempre fui contra las cosas. Siempre me gustó la política y amaba la historia incluso aunque sólo tenía 3 años, aprendía todo. Pero hubo un momento en el que fui demasiado consciente de ello y entonces todo comenzó a fallar. Fracasada. Fracasando.
Entonces encontré esta corriente de chicas tristes con la cuales pensé sentirme identificada. Bah. Todas, eran, unas, estúpidas. No habían analizado el punto. Las anorexicas que se odiaban pero querían salir adelante sin asimilar el hecho que desde un principio su superficial cabeza no las dejaba pensar en el daño. Siempre me pareció estupido, incluso aunque fui humillada por ser gorda, prefería esto mil veces a ser flaca vomitando, o no comiendo. Luego las que se cortaban, tontas, clichés. Yo estaba triste, estoy pero con razones de peso. Son cosas que parecen haber florecido en mi desde que nací. Pero el mundo asqueroso en el que estoy condenada a vivir no se puede cambiar. Razones de peso. Siento que no nací para vivir aquí. No soy nadie, no soy nada, no me corto y no lloro pero en mi mente está el sofoco ahogado de la pudredumbre de existir. Ah, la existencia, la respiro y la huelo y cómo, pero cómo me desagrada. Siempre lo ha hecho, nunca tuvo sentido. Desde pequeña me gustaba el por qué de las cosas, todos y todo tienen y tenían una razón, pero entonces todas las razones empezaron a mostrarse como un producto psicológico, como algo inexistente, algo que no cambiaba nada, algo inexplicable y monstruoso que fue carcomiendo mi alma, y mostrándome que no tenía sentido vivir, pero estaba obligada. El infierno estaba en conocer cosas y personas que jamás verían lo realmente cierto, gente estúpida. El mundo es asqueroso y la gente es peor. |